¡Hermosas playas de agua azul en Urireo no vas a encontrar!
Sin embargo, hay abundancia en todo lo demás.
Edificios rascacielos tampoco vas a encontrar,
pero las cimas de sus cerros te van a impresionar.
Si te apetece comida fresca y suculenta de mar,
tendrás que ir a otro lugar.
Para un sabroso mole casero recién hecho,
sigue por la calle principal todo derecho.
No olvides pedir la especialidad del pueblo:
tortillas calientitas saliendo del comal;
si aún te queda lugar,
deléitate con un atole y un rico tamal.
¿Si el color de mi piel te recuerda a Juan Diego?
Aquí no hay gringos como los hay en San Diego.
Cuenta la historia que, en un tiempo muy feo,
ni un europeo fue bienvenido al pueblo de Urireo.
Aunque no todas las calles tienen rótulo,
no se necesita sistema de navegación;
¡ubícate con las campanadas del reloj
de la Iglesia de la Asunción!
De este rinconcito en el sur,
hay muchísimos más secretos que no puedo revelar.
Para lo que usted guste y mande,
¡este es mi pueblo natal!
Vivo allá por el rumbo de la Casa Ejidal.
J. González


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